TRANSCULTURALIDAD
Los medios de comunicación en particular la televisión en su papel
de líder informacional, persuasivo, recreativo nos muestran siempre la misma
cara de una realidad incuestionable: esas imágenes negativas ancladas en los
imaginarios colectivos que caen del lado de la cultura que los sustenta o, por
contra, esas otras imágenes positivas altamente ritualizadas del
hipercapitalismo lúdico donde lo que aparece mercantilizado es precisamente
todos aquellos sistemas modelizadores secundarios de la cultura. Una
"cultura del simulacro" en el sentido marcado por Baudrillard que ha
experimentado un cambio genético hacia una cultura del "acceso", con
todas las implicaciones y restricciones selectivas que la palabra acceso
comporta. Para Jeremy Rifkin (2000:17-18), "estamos contribuyendo a un
movimiento a largo plazo que lleva desde la producción industrial a la producción
cultural.
En el futuro un número cada vez mayor de parcelas del comercio
estarán relacionadas con la comercialización de una amplia gama de experiencias
culturales en vez de con los bienes y servicios basados en la industria
tradicional. El turismo y todo tipo de viajes, los parques y las ciudades
temáticas, los lugares dedicados al ocio dirigido, la moda y la cocina, los
juegos y deportes profesionales, el juego, la música, el cine, la televisión y
los mundos virtuales del ciberespacio, todo tipo de diversión mediada
electrónicamente se convierte rápidamente en el centro de un nuevo
hipercapitalismo que comercia con el acceso a las experiencias culturales. La
metamorfosis que se produce al pasar de la producción industrial al capitalismo
cultural viene acompañada de un cambio igualmente significativo que va de la
ética del trabajo a la ética del juego. Mientras que la era industrial se
caracterizaba por la mercantilización del trabajo, en la era del acceso destaca
sobre todo la mercantilización del juego, es decir la comercialización de los
recursos culturales incluyendo los ritos, el arte, los festivales, los
movimientos sociales, la actividad espiritual y de solidaridad y el compromiso
cívico, todo adopta la forma de pago por el entretenimiento y la diversión
personal.
Uno de los elementos que define la era que se avecina es la
batalla entre las esferas cultural y comercial por controlar el acceso y el
contenido de las actividades recreativas". En cierto modo nos sirven
útilmente para refutar la idea de que todo el sistema de valores axiológicos de
carácter ascético, ético y estético empieza a perder existencia y comienza a ser integrado dentro de
un nuevo "tecno-rito" comercial, un ceremonial fenomenológico mediado
por los medios de comunicación donde la noción de transculturalidad comienza a descabalgar la noción
de cultura anclada en la transmisión de imaginarios.
La transculturalidad plantea un intercambio, un ir y
venir de un sistema cultural a otro. Ahora bien ¿qué sentido tiene en este
contexto -donde la ideología ha sido sustituida por la mercantilización- el
contacto intercultural? Hay un trasfondo de esperanza en todo fenómeno de
contacto, incluso nos atreveríamos a afirmar que hay un factor de libertad
inducida por lo que el encuentro tiene de elemento no regulado, sobre todo
teniendo en cuenta el producto o el resultado que pueda surgir de dicho
"enfrentamiento". Toda la lógica de la mixtura, del mestizaje, de la
migración y la navegación entraña un componente de "fusión" humana
intercolectiva, no obstante, qué sentido tiene plantear una transculturalidad
dentro de un contexto comercial como el que parece ya estamos plenamente inmersos.
Plantear el trasvase cultural implica, hoy por hoy, aceptar la sustitución de
las relaciones basadas en la puesta en común (comunicación) de la experiencia
por el trueque de objetos de cambio (compra-venta). A esta cuestión deberíamos
añadir otra: hasta qué punto los fenómenos transculturales llevados a cabo en
un escenario etnocéntrico comportan un factor de riesgo, mucho más si a ello
unimos los factores conflictivos que impone el cambio del capitalismo
industrial al cultural, por parte de la esfera comercial y apunta a un cambio
fundamental en las relaciones humanas con consecuencias preocupantes para el
futuro de la sociedad".